Título: Lo mejor de ir es volverTítulo original: Lo mejor de ir es volver
Autor: Albert Espinosa
Editorial: Grijalbo
Páginas: 240
Sinopsis
Hay un día en la vida en que debes decidir si deseas tener la razón o la tranquilidad. Albert Espinosa vuelve con una bella historia sobre los recuerdos, el perdón y el amor que transcurre el 23 de abril, el día del libro y las rosas, entre la ciudad de Barcelona y las islas de Ischia y Menorca.
Autor
Albert Espinosa (Barcelona, 1973). Actor, director, guionista de cine, teatro y televisión e ingeniero industrial superior químico. Ha superado el millón de ejemplares vendidos de toda su obra. Sus libros Si tú me dices ven lo dejo todo pero dime ven (marzo de 2011), Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo (marzo 2010) y El Mundo Amarillo (marzo 2008) se han traducido en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, Italia, Polonia, Rusia, Serbia, Bulgaria, Portugal, Noruega, Finlandia, Corea, Grecia, Brasil, Turquía, Suecia, República Checa y Eslovaquia. Todos los títulos están disponibles en Ebook, encontrándose entre los libros más vendidos en este soporte.
Opinión
Albert Espinosa vuelve al panorama literario con su nueva novela, Lo mejor de ir es volver. Como ya va siendo costumbre, el autor es un must read y must buy para mí, como en otro momento de mi vida lo fue Laura Gallego. En cuanto una novela suya se lanza al mercado, allí estoy yo para comprarla y devorarla.
En Lo mejor de ir es volver nos encontramos con una España futura, siendo más concretos, una Barcelona futura, en la que los perros se han extinguido, el cáncer ha sido erradicado, los robots han llegado para quedarse y el karma está más vivo que nunca. Rosana es una anciana de 100 años recién cumplidos que recibirá la visita de un robot que durante el día de su cumpleaños la acompañará en su decisión de llevar a cabo o no el karma artificial y decidir aquella persona que quiere que deje de vivir en este mundo tras dañarla en la vida.
El futuro que nos plantea el autor con esta novela es cuanto menos desalentador para la raza humana, o por lo menos, para aquellas partes de la población que todavía ansían el contacto con otras personas. Albert Espinosa nos plantea un futuro imaginario que poco a poco se va flagrando en la actualidad, un futuro en el que el contacto humano cara a cara está ya perdido. Pocos humanos quedan que sigan haciendo las cosas que los robots han sido diseñados para hacer. Pocas personas siguen haciendo las compras, siguen escribiendo, leyendo... cosas mundanas y naturales, ya no tan naturales en Lo mejor de ir es volver.
Este cambio de sociedad se nos cuenta a través de los ojos de Rosana, una anciana centenaria, nacida un día de Sant Jordi de 1971. Rosana nos aporta como lectores ese cambio de mentalidad humana a través de sus ojos, que siguen sin acostumbrarse al contacto con los robots, que ya han llegado para quedarse. Esos robots controlan todo, por lo que se nos deja ver, y son tan avanzados como para llevar a cabo el karma artificial, un concepto que el autor nos introduce en un principio de forma un poco caótica, pero que a medida que continuas la lectura, empieza a tener sus reglas y sus normas.
El karma artificial permite a los humanos que han llegado a los 100 años decidir tres personas que les han hecho daño en algún momento de su vida y advertirlas que el karma va a por ellos. Pero de estas tres, es finalmente una la que será erradicada, en caso de que cumpla unos parámetros (que no haya fallecido todavía queda claro que es uno de ellos). Estas normas que se nos establecen con respecto al karma artificial ha habido cierto momento en que me han molestado, pues he tenido la sensación de que el autor crea unas reglas, que finalmente se salta a la torera hacia el final. Es algo que en últimoa instancia me ha dejado de molestar, pues el peso de la novela no ha sido, a mi parecer, este pequeño fragmento de ciencia ficción, sino los personajes y la historia de su vida.
Leemos Lo mejor de ir es volver del puño y letra de Rosana en su cumpleaños número 100, empezando momentos antes de la visita de ese robot que ya he comentado llevará a cabo el karma artificial. Este robot, a su vez, llenará los huecos que la narración de Rosana va dejando a intervalos, para contarnos la historia desde sus ojos no humanos. Además, este robot nos dará ciertas sorpresas, tanto en cuanto a personaje, como en cuanto a su forma de expresarse de cara al final, y de cara a haber pasado más tiempo con la protagonista.
El autor también nos hace reflexionar sobre el karma, sobre anclarse y superar el dolor que nos han causado otras personas, y sobre el perdón, la capacidad de perdonarse a uno mismo y de perdonar a los demás. Si que es verdad que las situaciones por las que el karma va a actuar en esta novela son situaciones que no todo el mundo ha vivido en la vida (con esto no quiero decir que sean pocas las que las viven), pero son situaciones en las que el uso de este karma artificial, desde mi punto de vista, pues aquí juega mucho el prisma propio por el que juzguemos a la sociedad, está más que justificado. Ha llegado además el momento de avisar, y me da igual que esto sea un spoiler, sobre la aparición de temas sensibles, como pueden ser el secuestro o la violación. Me parece correcto avisar a todo el que lea esta reseña, porque son temas que a más de una persona le pueden incomodar, pero que en la historia tienen su razón de ser y forman parte de la vida pasada de nuestra protagonista.
También Albert Espinosa nos vuelve a deleitar con sus típicos cameos de otras de sus novelas, en este caso con algo aparecido en su libro de relatos, como es el suicidio asistido. Ahora ya no llevado a cabo por humanos, sino por esas máquinas que pululan por el planeta, pero sigue siendo el mismo concepto de ayuda o inevitabilidad del suicidio.
Llega también el momento en el que le encuentro pegas a todo lo que leo (que no tiene por qué pasar siempre, pero pasa más a menudo de lo que me gustaría) y aunque la novela me ha hecho reflexionar y pensar mucho en todas esas personas que han estado en mi vida, y que todos tenemos en nuestra vida, que desde nuestra perspectiva nos han hecho daño, aunque desde la suya pueda ser perfectamente todo lo contrario y que seamos nosotros los que les hemos perjudicado, tiene la tan odiada, autopublicidad del autor y de otra de sus novelas. Los cameos y guiños a otras obras me gustan, que aparezca el autor como parte de la historia tampoco me molesta, pero que aparezca el autor junto a un título de su obra, si. Puede que esto no haya sido autopublicidad y sea yo la que se haya molestado por criterios propios, pero está ahí y no me gusta.
Aun así, Lo mejor de ir es volver me ha parecido una historia tremenda, dura, pero con un buen poso de perdón y de reflexión sobre lo que somos para nosotros mismos y para el mundo de nuestro alrededor.
Puntuación: 4/5
El futuro que nos plantea el autor con esta novela es cuanto menos desalentador para la raza humana, o por lo menos, para aquellas partes de la población que todavía ansían el contacto con otras personas. Albert Espinosa nos plantea un futuro imaginario que poco a poco se va flagrando en la actualidad, un futuro en el que el contacto humano cara a cara está ya perdido. Pocos humanos quedan que sigan haciendo las cosas que los robots han sido diseñados para hacer. Pocas personas siguen haciendo las compras, siguen escribiendo, leyendo... cosas mundanas y naturales, ya no tan naturales en Lo mejor de ir es volver.
Este cambio de sociedad se nos cuenta a través de los ojos de Rosana, una anciana centenaria, nacida un día de Sant Jordi de 1971. Rosana nos aporta como lectores ese cambio de mentalidad humana a través de sus ojos, que siguen sin acostumbrarse al contacto con los robots, que ya han llegado para quedarse. Esos robots controlan todo, por lo que se nos deja ver, y son tan avanzados como para llevar a cabo el karma artificial, un concepto que el autor nos introduce en un principio de forma un poco caótica, pero que a medida que continuas la lectura, empieza a tener sus reglas y sus normas.
El karma artificial permite a los humanos que han llegado a los 100 años decidir tres personas que les han hecho daño en algún momento de su vida y advertirlas que el karma va a por ellos. Pero de estas tres, es finalmente una la que será erradicada, en caso de que cumpla unos parámetros (que no haya fallecido todavía queda claro que es uno de ellos). Estas normas que se nos establecen con respecto al karma artificial ha habido cierto momento en que me han molestado, pues he tenido la sensación de que el autor crea unas reglas, que finalmente se salta a la torera hacia el final. Es algo que en últimoa instancia me ha dejado de molestar, pues el peso de la novela no ha sido, a mi parecer, este pequeño fragmento de ciencia ficción, sino los personajes y la historia de su vida.
Leemos Lo mejor de ir es volver del puño y letra de Rosana en su cumpleaños número 100, empezando momentos antes de la visita de ese robot que ya he comentado llevará a cabo el karma artificial. Este robot, a su vez, llenará los huecos que la narración de Rosana va dejando a intervalos, para contarnos la historia desde sus ojos no humanos. Además, este robot nos dará ciertas sorpresas, tanto en cuanto a personaje, como en cuanto a su forma de expresarse de cara al final, y de cara a haber pasado más tiempo con la protagonista.
El autor también nos hace reflexionar sobre el karma, sobre anclarse y superar el dolor que nos han causado otras personas, y sobre el perdón, la capacidad de perdonarse a uno mismo y de perdonar a los demás. Si que es verdad que las situaciones por las que el karma va a actuar en esta novela son situaciones que no todo el mundo ha vivido en la vida (con esto no quiero decir que sean pocas las que las viven), pero son situaciones en las que el uso de este karma artificial, desde mi punto de vista, pues aquí juega mucho el prisma propio por el que juzguemos a la sociedad, está más que justificado. Ha llegado además el momento de avisar, y me da igual que esto sea un spoiler, sobre la aparición de temas sensibles, como pueden ser el secuestro o la violación. Me parece correcto avisar a todo el que lea esta reseña, porque son temas que a más de una persona le pueden incomodar, pero que en la historia tienen su razón de ser y forman parte de la vida pasada de nuestra protagonista.
También Albert Espinosa nos vuelve a deleitar con sus típicos cameos de otras de sus novelas, en este caso con algo aparecido en su libro de relatos, como es el suicidio asistido. Ahora ya no llevado a cabo por humanos, sino por esas máquinas que pululan por el planeta, pero sigue siendo el mismo concepto de ayuda o inevitabilidad del suicidio.
Llega también el momento en el que le encuentro pegas a todo lo que leo (que no tiene por qué pasar siempre, pero pasa más a menudo de lo que me gustaría) y aunque la novela me ha hecho reflexionar y pensar mucho en todas esas personas que han estado en mi vida, y que todos tenemos en nuestra vida, que desde nuestra perspectiva nos han hecho daño, aunque desde la suya pueda ser perfectamente todo lo contrario y que seamos nosotros los que les hemos perjudicado, tiene la tan odiada, autopublicidad del autor y de otra de sus novelas. Los cameos y guiños a otras obras me gustan, que aparezca el autor como parte de la historia tampoco me molesta, pero que aparezca el autor junto a un título de su obra, si. Puede que esto no haya sido autopublicidad y sea yo la que se haya molestado por criterios propios, pero está ahí y no me gusta.Aun así, Lo mejor de ir es volver me ha parecido una historia tremenda, dura, pero con un buen poso de perdón y de reflexión sobre lo que somos para nosotros mismos y para el mundo de nuestro alrededor.
Puntuación: 4/5


