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martes, 7 de octubre de 2014

Cuentos macabros de Edgar Allan Poe

Título: Cuentos macabros
Título original: Les contes macabres
Autor: Edgar Allan Poe
Editorial: Edelvives
Páginas: 224










Sinopsis
Una edición de lujo de los cuentos de Edgar Allan Poe, maestro del terror. Los inquietantes relatos, que se presentan con la traducción de Julio Cortázar, van acompañados de las espectaculares ilustraciones de Benjamin Lacombe. Esta edición única incluye además un texto de Baudelaire sobre la vida y obra de Poe.
Contiene los relatos Berenice, El gato negro, La isla del hada, El corazón delator, La caída de la casa Usher, El retrato oval, Morella y Ligeia.


Autor
Edgar Allan Poe nació en Boston, Estados Unidos, el 19 de enero de 1809. Sus padres murieron cuando era niño y fue recogido por un matrimonio adinerado de Richmond, Virginia, aunque nunca fue adoptado oficialmente. Pasó un curso académico en la Universidad de Virginia y posteriormente se enroló en el ejército, aunque por un periodo muy breve. Se conviritó en un escritor, poeta, crítico y periodista romántico, y es reconocido como uno de los maestros universales del relato corto, del cual fue uno de los primeros representantes en Estados Unidos. Fue renovador de la novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror. A Edgar Allan Poe también se le considera como el inventor del relato detectivesco y contribuyó con varias obras al género emergente de la ciencia-ficción. Entre las mejores obras del escritor estadounidense destacanEl Cuervo, Annabel LeeEl pozo y el péndulo, El barril de amontillado, entre otras. Murió el 7 de octubre de 1849, a los 40 años de edad. Aunque se especuló con que la causa de la muerte tuvo que ver con el alcohol y un fallo cardíaco, nunca se esclarecieron los verdaderos motivos.

Opinión
Halloween se acerca y cuando esas fechas se aproximan mi cerebro entra en modo lectura de alguna que otra cosita con miedillo o suspense. Como no, algún relato o poema del más que conocido Edgar Allan Poe tenía que caer. Hace muchos años ya, comencé a catar a este autor en versión original, más concretamente con el poema de El cuervo y el relato de El gato negro (no hace falta decir que son dos de mis composiciones favoritas). En Cuentos macabros nos encontramos con un recopilatorio de algunos de sus cuentos más conocidos, a la par que alguno, que por lo menos a mí, no me sonaban ni de cerca. Iré hablandoos de todos ellos poco a poco, con un resumen cortito y mi opinión con respecto al mismo.
El primer relato es Berenice, en el que el protagonista, primo de esta, debe casarse con ella. Esta va deteriorándose debido a una enfermedad desconocida, aunque sus blancos dientes permanecen intactos, razón por la cual Egaeus empieza a obsesionarse con ellos. Aunque el tema de la muerte es omnipresente en las novelas de Poe, recuerdo que lo que más me marcó en su primera lectura, y ahora en la relectura, de este relato es la obsesión insana que le ronda al protagonista con los dientes. En esa monomanía que acompaña a Egaeus.
El gato negro, obra conocidísima, es considerado uno de los relatos más espeluznantes de toda la historia. El protagonista, un alcohólico empedernido tiene una vida hogareña con su mujer, hasta que un día, tras pasarse con las copas, mata al gato. Poco después aparece otro que los llevará al borde de la locura y a que su vida deje de ser tan bonita como lo era. Como bien he dicho, todos conocemos la historia de El gato negro y sobre todo su desenlace. Creo que fue la primera vez que leí en un libro lo de encerrar un cadáver o semejante en una pared. Durante una temporada no pude ni acercarme a los gatos.
La isla del hada, o ese relato que yo no sabía ni que existía (si, no me miréis mal por favor). Ha sido sin duda el relato que menos me ha gustado de todos. A pesar de los preciosos escenarios con los que nos encontramos, el relato es muy corto y no aporta absolutamente nada. Con deciros que casi ni me he quedado con la idea del texto.
En El corazón delator nos encontramos con el más puro estilo Poe. Un hombre decide asesinar al anciano con el que convive tras su obsesión con el ojo enfermo de este. Tras ello decide esconder el cadáver tras la tarima del suelo de la habitación. Cuando la policía acude al lugar de los hechos el asesino irremediablemente se delata a sí mismo; cree que escucha el corazón latir por debajo de los tablones. Una gran metáfora de como la culpa puede carcomer a las personas cuando saben que han cometido un mal acto.
De La caída de la casa Usher casi que no quiero ni hablar. Me resultó prácticamente infumable cuando tuve que leerlo en su versión original y su relectura me ha hecho confirmar que es uno de sus relatos más largos y complejos. Dentro de él nos encontramos con otras lecturas o con citas, lo cual acompleja más la historia. Como tantos otros relatos del autor clásico, la muerte está omnipresente, aunque en este caso, del personaje menos esperado.
El retrato oval nos narra la historia de un hombre herido que pasa una noche con su sirviente en un castillo abandonado. Descubre un libro sobre las obras de arte del castillo y decide leerlo. En él descubre la historia de uno de los retratos de una hermosa joven, no tan joven y hermosa al término de este. Es uno de mis relatos preferidos sin duda porque no tiene esa idea de amor obsesivo que pueden tener otras de sus historias y porque en cierto modo me recuerda a El retrato de Dorian Gray, novela que leí hace ya tiempo.
Morella nos relata una historia de muerte, amor enfermizo y una hija nacida no precisamente por métodos convencionales. El relato de Morella me ha dejado a cuadros, era la primera vez que lo leía, aunque me ha resultado similar a El retrato oval, por el hecho de que la vida de una mujer se posa en otro objeto (el cuadro), o en este caso, otra persona. Una historia poco conocida, pero de las más recomendadas de toda la recopilación.
Y por último, Ligeia. Un relato largo, como el de La caída de la casa Usher, pero más intenso y más mejor que este (adoro esta expresión). Ligeia también me ha resultado similar a Morella, la razón por la que sin duda también me ha gustado. Un hombre contrae segundas nupcias tras la muerte de su primera esposa, y tras la muerte también de la segunda, esta vuelve a la vida como la primera. No podéis negar que los parecidos con el relatos de Morella no son alarmantes, pues en ambos el espíritu de la esposa fallecida se posa en otra persona.
Antes de cerrar esta reseña con la puntuación me gustaría recomendaros el tomo, no solo por las historias, pues hay algunas, de verdad, que no merecen la pena, sobre todo la de La isla del hada, sino por la edición y las ilustraciones de Benjamin Lacombe.
Puntuación: 4/5

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El cuervo de Edgar Allan poe

Todos conocemos al famoso poeta Edgar Allan Poe, y una de sus obras cumbres, El cuervo, ya sea por haberlo leído, como por aparecer en esos "magníficos" episodios de Halloween de Los Simpson. Malamente se puede hacer una reseña de un poema, así que os dejo aquí con él para que lo disfrutéis tanto o más que yo.


I
En una noche pavorosa, inquieto
releía un vetusto mamotreto
cuando creí escuchar
un extraño ruido, de repente
como si alguien tocase suavemente
a mi puerta: «Visita impertinente
es, dije y nada más» .

II
¡Ah! me acuerdo muy bien; era en invierno
e impaciente medía el tiempo eterno
cansado de buscar
en los libros la calma bienhechora
al dolor de mi muerta Leonora
que habita con los ángeles ahora
¡para siempre jamás!
III
Sentí el sedeño y crujidor y elástico
rozar de las cortinas, un fantástico
terror, como jamás
sentido había y quise aquel ruido
explicando, mi espíritu oprimido
calmar por fin: «Un viajero perdido
es, dije y nada más».
IV
Ya sintiendo más calma: «Caballero
exclamé, o dama, suplicaros quiero
os sirváis excusar
mas mi atención no estaba bien despierta
y fue vuestra llamada tan incierta…»
Abrí entonces de par en par la puerta:
tinieblas nada más.
V
Miro al espacio, exploro la tiniebla
y siento entonces que mi mente puebla
turba de ideas cual
ningún otro mortal las tuvo antes
y escucho con oídos anhelantes
«Leonora» unas voces susurrantes
murmurar nada más.
VI
Vuelvo a mi estancia con pavor secreto
y a escuchar torno pálido e inquieto
más fuerte golpear;
«algo, me digo, toca en mi ventana,
comprender quiero la señal arcana
y calmar esta angustia sobrehumana»:
¡el viento y nada más!
VII
Y la ventana abrí: revolcando
vi entonces un cuervo venerando
como ave de otra edad;
sin mayor ceremonia entró en mis salas
con gesto señorial y negras alas
y sobre un busto, en el dintel, de Palas
posóse y nada más.
VIII
Miro al pájaro negro, sonriente
ante su grave y serio continente
y le comienzo a hablar,
no sin un dejo de intención irónica:
«Oh cuervo, oh venerable ave anacrónica,
¿cuál es tu nombre en la región plutónica?»
Dijo el cuervo: «Jamás».
IX
En este caso al par grotesco y raro
maravilléme al escuchar tan claro
tal nombre pronunciar
y debo confesar que sentí susto
pues ante nadie, creo, tuvo el gusto
de un cuervo ver, posado sobre un busto
con tal nombre: «Jamás».
X
Cual si hubiese vertido en ese acento
el alma, calló el ave y ni un momento
las plumas movió ya,
«otros de mí han huido y se me alcanza
que él partirá mañana sin tardanza
como me ha abandonado la esperanza»;
dijo el cuervo: «¡Jamás!»
XI
Una respuesta al escuchar tan neta
me dije, no sin inquietud secreta,
«Es esto nada más.
Cuanto aprendió de un amo infortunado,
a quien tenaz ha perseguido el hado
y por solo estribillo ha conservado
¡ese jamás, jamás!»
XII
Rodé mi asiento hasta quedar enfrente
de la puerta, del busto y del vidente
cuervo y entonces ya
reclinado en la blanda sedería
en ensueños fantásticos me hundía,
pensando siempre que decir querría
aquel jamás, jamás.
XIII
Largo tiempo quedéme así en reposo
aquel extraño pájaro ominoso
mirando sin cesar,
ocupaba el diván de terciopelo
do juntos nos sentamos y en mi duelo
pensaba que Ella, nunca en este suelo
lo ocuparía más.
XIV
Entonces parecióme el aire denso
con el aroma de quemado incienso
de un invisible altar;
y escucho voces repetir fervientes:
«Olvida a Leonor, bebe el nepenthes
bebe el olvido en sus letales fuentes »;
dijo el cuervo: «¡Jamás!»
XV
«Profeta, dije, augur de otras edades
que arrojaron las negras tempestades
aquí para mi mal,
huésped de esta morada de tristura,
dí, fosco engendro de la noche oscura,
si un bálsamo habrá al fin a mi amargura »:
dijo el cuervo: «¡Jamás!»
XVI
«Profeta, dije, o diablo, infausto cuervo
por Dios, por mí, por mi dolor acerbo,
por tu poder fatal
dime si alguna vez a Leonora
volveré a ver en la eternal aurora
donde feliz con los querubes mora»;
dijo el cuervo: «¡Jamás!»
XVII
«Sea tal palabra la postrera
retorna a la plutónica rivera,»
grité: «¡No vuelvas más,
no dejes ni una huella, ni una pluma
y mi espíritu envuelto en densa bruma
libra por fin el peso que le abruma!»
dijo el cuervo: «¡Jamás!»
XVIII
Y el cuervo inmóvil, fúnebre y adusto
sigue siempre de Palas sobre el busto
y bajo mi fanal,
proyecta mancha lúgubre en la alfombra
y su mirada de demonio asombra…
¡Ay! ¿Mi alma enlutada de su sombra
se librará? ¡Jamás!